Cosas que las KARDASHIAN pueden enseñarnos

No, no me he unido a la fiebre de las Kardashian y mi trasero aún no adquiere proporciones inmensas (lo deseo pero esa es otra historia). Cuando mi coordinadora editorial en EVMD Magazine me pidió escribir un artículo sobre las Kardashian, el clan más poderoso y ambicioso de la telerrealidad mundial casi me niego, pues no soy fan y no conozco demasiadas cosas del universo Kardashian donde entre tantos nombres (Kris, Kim, Kanye, Kourtney, Khloe, Rob, Caitlyn, Kylie, Kendall, ¿algo más?) resulta fácil perderse; se trata de un imperio que entre reality shows, libros y millones de seguidores en Snapchat cosecha ganancias millonarias, y claro, todo queda en familia.

Son muchas las quejas y adulaciones que el clan Kardashian recibe día a día, y también son muchos los chismes que sus Snaps generan (¿alguien dijo Kim versus Taylor Swift en algo que podría ser catalogado como la telenovela de las 6 de la tarde?).

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Las ames o las odies, las Kardashian han construido y moldeado una marca donde cada suspiro, cada beso y cada comentario se monetizan. Y es que la matriarca del clan, Kris Jenner logró pasar de dependienta de una tienda de ropa para bebés a posiblemente, la ejecutiva más poderosa del showbiz en donde el programa de televisión con dramas más banales que las relaciones amorosas de Taylor Swift es sólo la punta del iceberg: talk shows, programas de televisión spin off, líneas de ropa y accesorios, maquillaje, apariciones en público, campañas de moda, libros con autobiografías que nos pueden ayudar a ser mejores seres humanos (ajá) y hasta recetarios.

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Kris es un genio de los negocios, e incluso podríamos aprender técnicas de gestión corporativa y branding de la dinastía Kardashian para ponerlas en práctica en nuestras propios planes empresariales, aunque nadie puede negar que hay un gran equipo contribuyendo al éxito de la corporación K: publicistas, managers, abogados, estilistas (esos looks infernales de Kim Kardashian o la sutileza de Kendall Jenner no son casualidad) y uno que otro colado.

¿Pero por qué nos fascina tanto el mundo de las Kardashian y en dónde radica el savoir faire de monetizar sex tapes y los berrinches de un reality show? Tal vez en esa manera de conectar y de alejar el mito de la celebridad inalcanzable, glamourosa y etérea; porque con un poco de dinero todos podríamos ser Kylie Jenner y acceder a cirugías milagrosas dignas de ser negadas o todos hemos sido protagonistas de una cat fight al estilo navajero de Khloe Kardashian. Se trata de un espejo de realidad aumentada en donde los miembros del escuadrón no temen al ridículo, mientras la cuenta bancaria permanezca a tope, porque ya saben, “no importa si hablan bien o mal de ti, lo importante es que hablen”.

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Podríamos pasarnos horas hablando sobre el trasero de Kim Kardashian (aunque como punto favorable podríamos decir que gracias a estas chicas se ha cambiado el panorama del cuerpo delgado en la cultura popular), sobre las relaciones afectivas de Kendall Jenner o sobre los labios de Kylie; incluso podríamos entrar en un debate para saber si nuestra sociedad ensalza y celebra la estupidez, aunque pensándolo bien no sé si las Kardashian sean tontas, tal vez los tontos seamos nosotros que con cada like seguimos celebrándoles.

La próxima vez que aludas o condenes las ‘tonterías’ de las Kardashian, recuerda que cada pelea, comentario, Snap o pintalabios tiene detrás una táctica fríamente calculada que no es más que un reflejo del mundo en el que vivimos y de los deseos más oscuros que, en menor o mayor manera todos perseguimos.

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